Solteras contra Casadas

Por: José Luis Rogel Montalvo
Solteras contra Casadas La cacerola de los frijoles hervía a fuego lento; en la estufa de cuatro quemadores, las brasas de las flamas, -por momentos pálidas, y por momentos más vivas, por lo chapeadas de su  color-, acariciaban el fondo de barro donde Doña Luz sazonaba los sagrados alimentos todos los días.

Las semillas brincoteaban dentro del pocillo, medio despostillado de uno de sus lados; con algunos motones del negro hollín del carbón; de mi tía bisabuela Mauricia, que también la utilizaba para preparar el desayuno, la comida y la cena, a su padre; mi tatarabuelo Guillermo Hernández... homónimo de mi bisabuelo, Don Guillermo Hernández Carmona.

-Son igualitos a los frijoles que utilizó mi primo el “Chato” Julio, cuando se fue a jugar pelota al partido de las “Solteras contras las Casadas”– comentó mi abuela, sin dejar de hacer el vaivén, con cierto ritmo; de la cuchara de madera que rasqueteaba el fondo de barro de la cacerola.

El aroma que despedían los frijoles en verdad era único; la manteca de cerdo, el trozo de cebolla, el diente de ajo, y la sal al gusto; con una ramita de perejil (dizque para los aires de la barriga, decían los hierberos del mercado); les daban el sabor que los convertían, en un auténtico manjar, digno del paladar de un sultán, de un rey o de un gobernador del estado.

-Mi tío, El “Chato” Julio, ¿Se vistió de mujer para jugar beisbol abuela?– pregunté tímidamente a Doña Luz, mientras echaba otro puño de sal a la cacerola de frijoles que despedía las volutas de humo, de exquisito aroma.

-Bueno mi´jo, aquello fue un cinco de febrero de 1955, había algarabía entre la palomilla de la época, porque corrió la noticia de que los señores y los muchachos se vestirían de mujeres para jugar un partidito de beisbol, un partidito de pelota.

-Abuela, ¿Y fueron muchos muchachos?, ¿Quiénes jugaron ese día?– la curiosidad por saber, “me colmaba el plato”... como dice el refrán.

-Pues recuerdo que el “Chato” Julio llegó a la casa por unos frijoles, se llevó unos chiles gordos y de la mesa de la cocina, donde guisaba Doña Conchita “Carbón”, vecina de mi tía Mauricia; se llevó unas calabazas tiernas y unos dientes de ajo– hace una pausa  y suspira –todo lo utilizó para hacer una pulsera con los frijoles, los chiles gordos para hacer unos aretes y los dientes de ajo para un collar.

-¿Y las calabazas?, ¿Qué le hizo a las calabazas, abuela?– pregunté casi en tono demandante.

-No, esas seguro las agarró para hacer un caldo- contestó Doña Luz.

-¿Y contra quién jugó mi tío Julio?-

-Al “Chato” Julio lo invitaron a jugar sus amigos que organizaron el partido de beisbol, eran Luis “Tin” Camarero, Ezequiel “Chilango” Quintero y Raúl Mata, todos se fueron a jugar en el parque Deportivo Veracruzano, que en aquellos años estaba en la esquina de las avenidas 20 de Noviembre y José Azueta, donde hoy se encuentra el Parque Ecológico.

-¿Y porqué hicieron el partido abuela?- le pregunté a Doña Luz.

-Fue en el preludio del Carnaval de Veracruz, en aquel año, por cierto llegaban artistas del cine nacional, una ocasión llegó Doña María Félix; acompañada de su maquillista y se hospedaron en el Hotel "Diligencias", ahí mismo sobre la avenida Independencia del Puerto.

-¿Y cómo sabían cuáles eran las solteras y cuáles eran las casadas?– era una pregunta obvia.

-Por las agujetas de los zapatos, las casadas; en su mayoría eran los señores que trabajaban en el muelle de amarradores, utilizaron de color rojo y los muchachos solteros de aquella época, utilizaron las agujetas de color verde. Pero, la mayoría de los muchachos de aquellos años, eran de las palomillas de los sindicatos de estibadores y carretilleros, todos jóvenes solteros... entre ellos mi primo Julio que todavía no se casaba con Toña–, hace una pausa; aunque fueron novios por más de 30 años y luego el “Chato”, no se quería casar...

-Si, si abuela eso ya me lo contaste muchas veces... pero dime, ¿Qué pasó con el partido de las solteras y las casadas-, tuve el atrevimiento de interrumpirla. Sabía que aquello, podría traerme un “cocotazo” en la cabeza, un jalón de oreja, o un pellizco en el hombro, esa era la forma de reprender de Doña Luz, por cierto, heredada de sus abuelos. Ella hizo una pausa y dejó de mover la cuchara de madera, para mirarme con “ojos de pistola”.

-No es de buena educación, interrumpir a sus mayores... pero si es cierto, te lo he contado muuuuuuchas veces. -Hace una pausa-. Pues el primer partido de solteras y casadas, fue en el Parque Deportivo Veracruzano, muchos de los que jugaron corrieron a vestirse de mujeres en el patio “El Socorro”, y de ahí; salieron vestidos de mujeres al parque deportivo... fue una bulla la que se armó en toda la ciudad por las “Solteras y las Casadas”.

-¿Y quiénes ganaron el partido?- yo no paraba de preguntar.

-Pues lo ganaron las casadas, cinco carreras a una; todo eso parece que fue ayer- suspira y termina de mover los frijoles en la cacerola de barro. Toma un plato, y me sirve una generosa cucharada, acompañada de queso y unas tortillas.

-Abuela... el tiempo se va volando- aspeté.

-¿Cuántas veces te lo he dicho?–. Hace una pausa y dijo: “No sean pentontejo, hijo; el tiempo es el mismo... uno es el que pasa por el tiempo”.

José Luis Rogel Montalvo, es egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana, con Maestría en Periodismo, trabaja como reportero y conductor en Televisa Veracruz, reportero de información general en el Heraldo, y como catedrático frente a grupo en la Universidad Veracruzana.



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