Sana, sana colita de rana

Por: Miguel Angel García Romero
Sana, sana colita de rana Bienvenidos todos Al Toque del Recreo, hoy el patio de la escuela está vacío por el periodo vacacional de Semana Santa, así que en esta entrega vamos a abordar un tema que, desde mi más tierna infancia, me tiene fascinado, me refiero al mítico y siempre funcional Sana, sana colita de rana. Esa fórmula mágica y ancestral que se utiliza en caso de chichones, raspones y golpes leves, aparece en diversas latitudes de Latinoamérica y con muy pocas variaciones, las más citadas parecen ser:  

Sana, sana colita de rana, si no sana hoy sanará mañana. 

 Sana, sana culito de rana, si no sana hoy sanará mañana. 

Sana, sana “potito” de rana, si no sana hoy sanará mañana. 

Sana, sana colita de rana, échate un pedito pa´ti y pa´tu hermana. 

 Cura sana, cura sana, culito de rana.

Sea cual fuere la fórmula citada, la intención de este masaje sanador es la misma: atenuar el dolor que sienten los niños cuando han sufrido algún golpe o lesión menor. Sin embargo, detrás de esta legendaria frase subyace un debate igualmente añejo.

Existen como dos posturas cuando un pequeño se cae y se lastima (recuerden que estamos hablando de golpes menores), la una, que corre rápido a cargar y consolar al infante adolorido; la otra que cuestiona a la primera, “argumentando”: “levántate estás bien, no pasó nada”. Mi intención en este artículo no es decantarme por una u otra postura, sino sugerir un punto intermedio en el que niñas y niños, sepan que pueden contar con nosotros para levantarse y seguir, sin necesidad de caer en la sobreprotección o el desinterés.

Y es que la atención y el cuidado significan dar un instante de nuestro tiempo para procurar al otro como parte de nosotros mismos, es el inicio del desarrollo de la empatía y la civilidad. Sana, sana colita de rana... teje un puente emocional, a través de la palabra y el tacto (convergiendo rima, ritmo, chiste y masaje), que ayuda en la disminución del dolor y de los niveles de cortisol (llamada también hormona del estrés, y cuyos niveles altos pueden dañar el desarrollo cerebral del infante).

 Si bien es cierto que dejar al niño levantarse sólo después de una caída, parece funcionar en algunos casos, el mensaje que damos no es necesariamente el que se recibe. Así que cuando decimos: “levántate, no pasa nada", el pequeño podría traducirlo como: “levántate solo, no cuentas conmigo".

Niñas y niños saben, conciente e instintivamente, que su seguridad y supervivencia dependen de los adultos, por lo que en situaciones que sobrepasan su autonomía, lo primero que espera es la presencia de la mamá (o del adulto cuidador), misma que transmite, a través del tacto, y desde su nacimiento, calor y consuelo, además de expresar cariño y amor. Tal vez por esa razón existe el impulso de llevarse la mano a una zona adolorida después de sufrir una lesión, acción que procura, relativamente, alivio y protección.  

Sana, sana colita de rana no es, entonces, un gesto de sobreprotección, yo lo relacionaría más bien con el término Yolican, que es una palabra -y acción- de origen náhuatl que significa tranquilidad, y se asocia al poder curativo y protector del regazo materno.

La “sobadita” en la zona de dolor merece mención especial, ya que al tratarse de un masaje - y según estudios de prestigiosas instituciones como el Massachusetts General Hospital y la Universidad de Harvard, es efectivo para disminuir síntomas asociados al estrés como la aceleración de los latidos, la respiración descontrolada y la tensión muscular, además de contrarrestar la depresión al elevar los niveles de oxitocina y serotonina (sustancias relacionadas con el placer y el bienestar).

Podríamos entonces argumentar que “el poder curativo” del Sana, sana colita de rana... tiene relación con el masaje, el cuidado materno, la serotonina, la regulación de los niveles de estrés, y el desarrollo de la resiliencia; y que el alivio que procura físico, mental y emocional.

Por hoy me despido, no sin antes recordarles que si se asolean demasiado en la playa, aplíquense crema en las zonas afectadas y reciten el siempre funcional: Sana, sana colita de rana... nos vemos Al toque del recreo.

Nota adicional. Si desean mayor información sobre estrés infantil y desarrollo cerebral, les sugiero consultar en la red a las doctoras Sue Gerhardt y Megan Gunner.

Miguel Angel García Romero es Licenciado en Educación Musical por la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana (UV), compositor de música popular, recopilador y creador de música y cuentos para público infantil, maestro de música en el nivel básico (SEV), director y fundador de la Orquesta de Flautas Barrocas de la ELMIVEC (Escuela Libre de Música del Instituto Veracruzano de la Cultura) y creador de los talleres sobre música corporal: “Chiflando y Aplaudiendo” y “Yo tambor”. Actualmente realiza un trabajo de investigación sobre la música corporal y su incidencia en el desarrollo de las inteligencias emocional y social.



© 2012-2018 Destinoveracruz.com. Algunos derechos reservados.