Al compás de los tranvías

Por: José Luis Rogel Montalvo
Al compás de los tranvías Doña Luz del Carmen, “Doña Luz de Veracruz”; como buena veracruzana hablaba al almorzar, parloteaba al desayunar y merendar, platicaba al cocinar, conversaba al tejer y reía al navegar, - al fin y al cabo “Jarocha”-, en las costas del mar de sus nostalgias.

La recuerdo tomando su taza de café todas las tardes; cargaba su “cuartillo”, - como ella le decía -; con su leche y salpicado de algunos granos de café. Siempre decía lo que pensaba, y pocas, muy pocas veces; pensaba lo que decía, todo lo compartía conmigo... su nieto.

Una pieza de pan, y en ocasiones; alguna fruta de temporada para darle un “obsequio” al paladar, mientras yo escribía las lecciones de la maestra Isabel Quevedo Guevara, la de tercer año de primaria de mi escuela Xicoténcatl; ubicada en la avenida Salvador Díaz Mirón y Paso y Troncoso, exactamente frente al super “Su Balsa”; y a unos pasos del cine “Veracruz”, también sobre Díaz Mirón entre Uribe y Azueta.              

Aquella tarde, me dijo: “Dar y Recibir... es exactamente lo mismo... sí pues, que quiere decir que lo que es arriba... pos también es abajo”. No es ¡carajo!, niño, no es carajo... es abajo” y me lo repetía... hasta el cansancio.

Y a la de “Va de Nuez”, abordaba el tema; yo escribiendo y ella dando el sorbo de café, “le entraba al toro por los cuernos”, con la jarocha expresión de: “¡Paso gallinero, las gallinas de arriba... me ensuciaron el sombrero!”,  y volvía a la carga, con aquella máxima ancestral: “Eso, eso así es, como el refrán de las gallinas, es lo mismo como arriba... es abajo”.    

Entiendo 30 años después; que se trata de un círculo virtuoso, en donde cada quien cosecha, en la misma medida en la que siembra; se cosecha el amor, la amistad, la hermandad, el ser buen padre, buen hijo, buen hermano, y hasta buen ciudadano. Algo de lo que se ha perdido, en nuestros días.

Aquella tarde, yo hacía la tarea y mi abuela escuchaba el radio; siempre se entonó con las canciones de Daniel Santos, que en sus años de juventud, no dejaban de sonar a cada rato. “Virgen de media noche, cubre tu desnudez; incienso de besos te doy, escucha mi rezo de amor”, eran parte de las estrofas de la melodía que cantaba Doña Luz de Veracruz, a dueto con el cubano; ídolo musical de aquellas épocas.

La melodía le traía recuerdos y le gustaba cantarla, cuando subía al tranvía ruta “Playa Villa del Mar”, o al “Villa Bravo”, también cantaba en el “Playa Prim”, también lo hacía en el “Bravo por Laguna”, y hasta en el ruta “Panteones”, en el “Chaca chaca” del sonar de la rueda en la vía; le acompasaba mientras desafinadamente soleaba: “Vengo a decirle adiós a los muchachos, porque pronto me iré para la guerra; y aunque vaya a pelear en otras tierras, voy a salvar mis derechos, mi patria y mi fe”, otro éxito de Don Daniel Santos.

Entonces bajaba del tranvía “Playa Villa de Bravo”, en la esquina de Escobedo y Xicoténcatl; junto a la tienda “El puerto de Alvarado”, de Don Manolo Tiburcio, originario precisamente de la “Bella y Generosa”.

Todo me lo contaba a mí, su nieto; y siempre al acompañarla por los caminos, laberintos y recovecos de sus emociones, - mezcla de recuerdos, canciones, olores y suspiros -; solo atinaba a decirle: “Abuela... el tiempo se va volando”.

Dejaba la taza de café, no sin antes darle un sorbo, que más parecía un tierno beso; se despedía del aroma que emanaba de las volutas de humo y me decía: “No sea pentontejo hijo, el tiempo es el mismo... cada uno de nosotros, pasa por el tiempo”.

José Luis Rogel Montalvo, es egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana, con Maestría en Periodismo, trabaja como reportero y conductor en Televisa Veracruz, reportero de información general en el Heraldo, y como catedrático frente a grupo en la Universidad Veracruzana.





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