A la víbora de la mar

Por: Miguel Angel García Romero
A la víbora de la mar Ya sonó la campana del recreo, vámonos al patio, ¿a qué vamos a jugar ahora? Pues a La víbora de la mar, un hermoso juego de origen español con gran arraigo en México y Latinoamérica. Hace ya muchos años con mis amigos de la colonia, sobre un escenario de calles empedradas y poco transitadas por los carros, solíamos cantar:

A la víbora, víbora
de la mar, de la mar
por aquí pueden pasar
los de adelante corren mucho
y los de atrás se quedarán
tras, tras, tras, tras.

Una mexicana que fruta vendía
ciruela, chabacano, melón o sandía (repite).
Verbena, verbena, jardín de matatena,
verbena, verbena, jardín de matatena.

Campanita de oro
déjame pasar
con todos mis hijos
menos el de atrás
tras, tras, tras.

Será melón, será sandía
será la vieja del otro día, día, día.

De los juegos de antaño, éste es de los pocos que aún tiene presencia en nuestros días, aunque principalmente en las bodas, como parte del tradicional momento en que la novia lanza el ramo a las invitadas.

Para nuestros espacios escolares, La víbora de la mar “reinstalada” en el recreo, puede hacernos grandes aportaciones en el terreno de la autorregulación, a través de la interacción con el grupo. La propuesta de esta entrega es simple: que a través de este juego infantil los niños de hoy hagan lo que hacían los de antaño, ¡organizar el juego!

La tradición dicta lo siguiente: formar una fila tomando por la cintura al compañero de adelante. Entonando la canción la fila avanzará pasando por debajo del arco formado por “Melón” y “Sandía” (dos niños). Al término de la canción, “Melón” y “Sandía” preguntarán, a quien quedó entre ellos dos, “¿con quién te vas, con Melón o con Sandía?”, el niño interrogado elegirá detrás de quien colocarse y pondrá sus manos sobre los hombros de éste, formando un nuevo arco.

Se reinicia el juego y el canto, repitiendo los pasos señalados y pasando por todos los arcos que se vayan formando, hasta que ya no quede nadie a quien escoger. Al final del juego tal vez queden más niños de uno u otro lado, por lo que es necesario aclarar, las veces que sea necesario, que este juego no es para competir sino para divertirse y aprender.

En nuestra propuesta para espacios escolares, se permite que una niña o un niño (al que llamaremos “el jefe”), sea quien organice el juego, así que deberá solicitar de manera atenta, al alumno que eligió para ser Sandía, que tome ese lugar, posteriormente hará lo mismo con Melón. Una vez organizada esta parte del juego, también elegirá a la persona encargada de llevar La víbora, quien por cierto también estará pendiente de que no haya empujones o “excesos de velocidad” a la hora del juego. Un par de indicaciones más que dará “el jefe” son: pedir al grupo que cante fuerte y si se tomarán de los hombros o de las manos.

Elegir a la persona que lleva La víbora, es cuestión de sopesar la personalidad de la misma, a fin de observar una serie de características que impidan caer en excesos motores que pudieran provocar tropezones o caídas, así que por lo regular esta personita es una niña de carácter amigable y que no corre fuerte. Sin embargo, y contra lo que pudiera pensarse, también a los niños que tienden a desbocarse, jalar y hasta empujar, se les elige para tal labor y, aquí viene lo interesante, los niños con estas características también se desempeñan bien, por diversas razones, a continuación expongo dos de ellas:

1. El compromiso adquirido ha sido con todos los niños que disputaron ese puesto, lo cual deja aflorar un sentido de responsabilidad para con ellos.
2. Cuando se excede en la velocidad que imprime o la forma en que juega, “el jefe” en turno, hace alto y se lo señala, respaldándose en la actitud de respeto y apoyo que acusa el grupo.

Al terminar el juego, “el jefe” agradece a sus compañeritos y éstos reconocen el trabajo de su nobel líder con abrazos y aplausos. Este juego la siguiente vez que se reproduce, tiende a provocar comentarios e intercambio de ideas entre el nuevo “jefe” y el anterior.

En la intervención docente, es necesario agudizar la observación para poder dar lectura a las actitudes de los niños en el desarrollo de este juego -ya sea si participan o no-, y es que podemos obtener algunas pistas sobre su comportamiento, nivel de autorregulación, o si presentan alguna conducta que requiera atención de un especialista.

Bueno aquí me despido, ya sonó la campana, nos vemos nuevamente Al toque del recreo.

Miguel Angel García Romero es Licenciado en Educación Musical por la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana (UV), compositor de música popular, recopilador y creador de música y cuentos para público infantil, maestro de música en el nivel básico (SEV), director y fundador de la Orquesta de Flautas Barrocas de la ELMIVEC (Escuela Libre de Música del Instituto Veracruzano de la Cultura) y creador de los talleres sobre música corporal: “Chiflando y Aplaudiendo” y “Yo tambor”. Actualmente realiza un trabajo de investigación sobre la música corporal y su incidencia en el desarrollo de las inteligencias emocional y social.



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