Y hablando de futbol, un recuerdo de alegría y sangre sudamericano: "Los dos Escobar"

Por: Pedro de la Iglesia
Los dos Escobar En víspera de la copa del mundo Estados Unidos en 1994, una selección integrada por jóvenes futbolistas que se formaron en las canchas de los barrios mas pobres de su país dan esperanza y alegría a un país que en esos momentos sufría una intensa ola de violencia.

Lejos de la alegría de los goles de último minuto, de los dramas de la serie de penales que como jueces injustos deciden la suerte de los equipos finalistas, esta copa del mundo que se juega en estos momentos (Brasil 2014), es quizá la primera en mostrar al mundo que el país sede es además de alegría y euforia, una nación con problemas sociales profundos que de ninguna manera serán resueltos por el triunfo de la "verdeamarela" en el último partido del torneo.

Estas dos diferentes versiones de la misma historia es relatada por los hermanos Jeff y Michael Zimbalist, en un interesante documental titulado: "Los dos Escobar".

Con testimonios de primera mano de las personas que vivieron de cerca los peores episodios de la violencia en Colombia y de los mejores momentos que a nivel futbolístico esa nación latinoamericana tuvo, el documental retrata los extraños paralelos de una carrera criminal y otra deportiva, que a final de cuentas conocieron un trágico destino sellado por la violencia.

En los barrios bajos de Medellín un hombre que comienza robando autos termina por involucrarse en actividades mas lucrativas que culminan por llevarle a construir un imperio criminal poderoso. Al mismo tiempo que sus dominios se extienden por toda la nación colombiana, este hombre alimenta su gran pasión por el futbol. No es un secreto para nadie que parte de las ganancias que Pablo Escobar obtiene de sus negocios ilícitos, las invierte en la construcción de canchas de futbol y casas para los mas necesitados.

Con estas acciones, el capo de la mafia en ascenso se gana la simpatía de los desposeídos de su país y de paso impulsa, quizás sin quererlo, la carrera de las futuras estrellas del futbol colombiano, que comienzan a patear el balón en esos terrenos construidos por el popular delincuente.

Años mas tarde, en el pináculo de su carrera delictiva, Escobar arma un equipo legendario, el Nacional de Medellín, conjunto plagado de estrellas locales que ganan la copa libertadores de América en una final contra el Olimpia de Paraguay, decidida por el magnifico volante Leonel Álvarez, desde el punto de los tiros de castigo.

Parte de esa escuadra legendaria e inmortal para los anales del futbol colombiano es el defensa central Andrés Escobar, que como sus compañeros, alcanza con ese triunfo en la final continental, un sueño que había alimentado desde niño en un barrio pobre de Medellín.

Comienza con esa victoria una era dorada en el balompié de la nación sudamericana, que incluye una victoria sin precedentes contra argentina en el "Monumental" de Buenos Aires, con un  marcador de 5 goles a 0. La extraordinaria actuación de los colombianos les vale el reconocimiento de los hinchas pamperos, que al final del encuentro, los despiden con una ovación de pie. Sigue a ese triunfo una exitosa gira por todo el mundo con tan buenos resultados, que el rey Pelé llega a señalarlos como la escuadra favorita para conquistar el mundial de los Estados Unidos.

Al mismo tiempo que Colombia brilla en las canchas desplegando un futbol alegre y creativo, la guerra entre los carteles de la droga y la cruzada de extradiciones que el gobierno colombiano pacta con la DEA, llevan al país a una explosión de violencia extrema. -¿Es el futbol una isla?- se pregunta el profesor Francisco Maturana, entrenador en aquella época de aquel extraordinario equipo... la respuesta dolorosa llega acompañada con las lágrimas asomándose a los ojos del estratega: -De ninguna manera-.

Durante la copa del mundo, en los primeros partidos de la selección de Colombia, la tragedia y la violencia incontrolables escapan de las fronteras colombianas y llegan hasta las canchas norteamericanas, en la forma de amenazas para todo el equipo, además del asesinato de uno de los hermanos de un mediocampista.

El futbol ofensivo lleno de alegría de los colombianos se convierte en una sombra y a la sequía de anotaciones se añade un autogol de su defensa central en un partido crucial contra el país anfitrión, que significa la sorpresiva eliminación de la justa para su equipo. Andrés Escobar yace en el centro del área grande colombiana con los brazos abiertos y la cara al sol. Nunca en su carrera había anotado contra su equipo es la primera vez que esto le pasa y  será la última.

Es de noche en la ciudad de Medellín. Después de que el bloque de búsqueda de la policía nacional de Colombia termina con la vida de Pablo Escobar, la ciudad vive envuelta en una atmósfera de sangre y pólvora. A pesar de la advertencia del profe Maturana a sus jugadores: "la calle esta dura y ustedes saben que en Colombia las disputas no se resuelven con los puños". Escobar sale a divertirse con unos amigos a un conocido bar de la ciudad.

La velada transcurre sin ningún incidente hasta que los nuevos reyes de la droga de Medellín, sentados en una mesa cercana a la del futbolista, le reclaman con groserías y amenazas su autogol. La pelea llega hasta el estacionamiento, donde los capos deciden terminar la disputa con seis disparos a la espalda del defensa. Esas balas que terminan con la vida del jugador que continuaría su carrera en el Milán de Italia, acaban al mismo tiempo con la época dorada del futbol colombiano y arrastran en un torbellino de miedo y tristeza la carrera de varios compañeros de Andrés, que después de este cobarde asesinato deciden dejar las canchas para siempre.

Unos meses antes de su muerte, a su regreso a Colombia después del estrepitoso fracaso en Estados unidos, algunos amigos de Andrés Escobar le animan a escribir una carta a la afición colombiana en el periódico de circulación nacional "El Tiempo". Todos imaginaban que Andrés entregaría algunas líneas expresando mas que nada, una disculpa por su error. En su lugar, el joven futbolista decide dar un mensaje de esperanza a su gente: " Hasta pronto, porque la vida no termina aquí".




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