México de contrastes: Día de Muertos

México de contrastes: Día de Muertos Diversas son las manifestaciones que se han producido en el mundo con respecto a la muerte, en México las expresiones, las formas de materialización en lo cultural se da desde cuentos, leyendas, canciones, imágenes; la muerte es un gran ejemplo de la variedad de expresiones artísticas que se pueden derivar de un personaje de ésta naturaleza.

Quizá la manifestación plástica más evidente de las expresiones por el día de muertos es el altar, en honor a ellos, a los fieles difuntos. Arraigadas son las costumbres del mexicano, una de ellas, la fiesta de todos santos o más conocida como el “día de muertos”, que se celebra el 1 y 2 de noviembre.

En el país vivimos tantas realidades que el surrealista André Bretón dijo a la prensa en alguna de sus visitas al país: “Imperiosamente, México nos convida a esta meditación sobre los fines de la actividad del hombre, con sus pirámides hechas de varias capas de piedras correspondientes a culturas muy distantes que se han recubierto y oscuramente penetrado unas a otras. Los sondeos dan a los sabios arqueólogos la oportunidad de vaticinar sobre las diferentes razas que se sucedieron en ese suelo e hicieron prevalecer en él sus armas y sus dioses. Pero muchos de esos momentos desaparecen todavía bajo la hierba corta y se confunden de lejos como de cerca con los montes. El gran mensaje de las tumbas, que por vías libres de toda sospecha se difunde mucho más que se descifra, carga el aire de electricidad”.

Y son ciertas las palabras de Bretón, el aire está cargado de electricidad, los mercados en Veracruz por ejemplo, están rebozando de colores, el olor a copal se funde con el olor penetrante de las hojas de cempasúchil. Los pasillos ofrecen un espectáculo de colores en las franjas que decoran las calaveras de distintos tamaños. El papel picado adorna las tarimas de los puestos y los comerciantes muestran a las personas los tamaños y colores desprendiendo con delicadeza extrema una hoja de la otra, que se esperen las personas, que se queden viendo todo el tiempo posible antes que el papel picado se maltrate.

Las manifestaciones con respecto a la muerte son diversas en todas partes del mundo, en Europa (entre chinos, árabes y egipcios), ellos conciben la muerte distinta, en nuestro país hay una especial convivencia con la muerte, herencia del pasado prehispánico, del origen, del no intervencionismo extranjero, pero que hoy se conjuga.

Esta tradición es la veneración a los muertos, a los seres amados, a la cosmovisión de los indígenas cuya concepción del binomio vida-muerte, les permitió incorporarlo como imagen y símbolo natural de su existencia. Pero, ¿cómo concebían la muerte nuestros antepasados?; la visión prehispánica pensaba que morir era el inicio de un viaje hacia el Mictlán, o sea, al reino de los muertos, pero no era tan fácil el trayecto para alcanzar un lugar en aquel reino.

Entendamos que los ancestros concebían la vida de distinta forma a los españoles, quienes veían al alma de manera unitaria, los pasados indígenas veían al alma y la muerte con caminos distintos, es decir, cada individuo tenía entidades anímicas distintas.

El viaje hacia el Mictlán suponía una recepción por parte de Mictlántecuhtli (el señor de los muertos) y de su compañera, Mictecacíhuatl (reina de los moradores del Mictlán). Los muertos tardaban, según la visión prehispánica, cuatro días en llegar con los reyes de éste mundo, a su llegada otorgaban obsequios, para que Mictlántecuhtli y Mictecacíhuatl los dejaran pasar a uno de las nueve regiones posibles, en donde estarían cuatro años a prueba para decidir su estancia definitiva y pasar a “la obsidiana de los muertos”

Para los mexicanos ancestrales la muerte estaba determinada por la forma en que las personas habían muerto y el tipo de muerte que habían tenido, de acuerdo a estos aspectos sería el rumbo que tomarían. Por ejemplo: los niños se iban con Chichihuacuauchco, pues allí se encontraba el árbol que goteaba leche, misma que serviría para alimentarlos. Quienes morían por causas naturales se iban al Mictlán. Los muertos con causas relacionadas con agua, se iban al Tlalocan.

Recordemos que las festividades se realizaban en el noveno mes del calendario solar mexicano, es decir agosto y se prolongaban durante todo el mes.

El choque cultural

Como ya mencionábamos, los españoles tenían una concepción distinta de la muerte, con la difusión del cristianismo trataron de infundir el terror a la muerte y al infierno, creencias católicas e instrumento de dominación; pero el mexicano, siempre en una postura resistente, aportó a eso que el teórico y escritor Alberto Flores Galindo llama la creatividad, pues surgió una propuesta creativa derivada del choque de las costumbres prehispánicas y las creencias españolas a partir de su religión.

Después de la conquista comenzó a celebrarse el día de los muertos, cuando se veneraban restos de santos europeos y asiáticos que entraban por el Puerto de Veracruz y eran transportados a diferentes destinos, acompañados de procesiones, cantos, arreglos florales y reliquias de azúcar (hoy calaveras de azúcar) así como el pan de muerto. La combinación dio origen no a una imposición cultural sino a un resurgimiento de la tradición, incorporando expresiones de ambas partes, pero siempre preservando la tradición mexicana.

Ya para despedirnos, continuaba Bretón en su reflexión al pasear por la Tierra Azteca:

México, mal despertado de su pasado mitológico sigue evolucionando bajo la protección de Xochipilli, dios de las flores y de la poesía lírica, y de Coatlicue, diosa de la tierra y de la muerte violenta, cuyas efigies, dominando en patetismo y en intensidad a todas las otras, intercambian de punta a punta del museo nacional, por encima de las cabezas de los campesinos indios que son sus visitantes más numerosos y más recogidos, palabras aladas y gritos roncos. Este poder de conciliación de la vida y la muerte es sin lugar a dudas el principal atractivo de que dispone México.

A este respecto mantiene abierto un registro inagotable de sensaciones, desde las más benignas, hasta las más insidiosas.

Y remataba con una frase que se volvió célebre: “Yo no sé a qué he venido, yo no tengo nada que enseñarles, México es el país más surrealista del mundo. Disculpen, hasta luego”, decía André.

Nos leemos en el próximo artículo.

Fuentes: Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la Universidad Veracruzana, en el contenido “El altar de muertos: origen y significado en México” de Patricia Beatriz Denis Rodríguez, Andrés Hermida Moreno y Javier Huesca Méndez.

Eduardo Barrios – Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación – Universidad Veracruzana- eduardobarriosperez@gmail.com – @EduardoBarrios_ – FB: Eduardo Barrios- skype: eduardobarrios_ – México-




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