Con la Culpa entre las Piernas

Por: Maite Ramírez Solano
Con la Culpa entre las Piernas Este es un ensayo dedicado para aquellos con sueños y miedos, con amores y desamores, solos o acompañados... Un ensayo para quienes luchan y jamás dejan de ser ellos mismos, para todos aquellos que traen cargando la culpa entre las piernas y no se dan cuenta...

Desperté una mañana pensando en mis tiempos de vacio donde los pensamientos se han vuelto enemigos de la incertidumbre, donde las luchas son incansables y la melancolía toma las riendas para desmembrar mis sentimientos y sentirme devastada.

Que mas puedo decir si no hay mucho que ocultar; es la culpa entre las piernas y el tribunal de los demás lo que me cala el orgullo y me levanta como la experimentada puta de la calle Londres donde jamás me atreveré a acercarme.

Es un lujo darme un crédito positivo hoy en día cuando tantas veces las palabras y los gritos me han hecho sentir tan mierda... A veces tan insensible y a veces carcomida por el dolor de un juego interminable que derrocha mí embriagues por disculpar tantas palabras.

Es tan sencillo poner etiquetas con tres remaches; de esas bien clavadas en el pecho, ahí donde todos las ven, con letras subrayadas y letras mayúsculas para ser la burla y la antojería de los demás cuando desequilibrada camino por la calle rumbo al trabajo y la preocupación me tiene anestesiada de tanta bruma y rodeos entendibles de indirectas.

Quizás son golpes devastadores los que tienen ensangrentado al rostro, quizás son esos moretones internos que nadie los ve aunque me esté muriendo y solo yo conozca el secreto del dolor; algunos juegan adivinanzas a ver si le atinan al sentido de la tristeza que brilla en mi rostro y otros tuercen sínicamente una sonrisa en sus rostros.

Sin embargo; mi sonrisa es la que se implanta en mi aspecto para enfrentar a la sociedad, a la familia, a los amigos, a los compañeros, a la lucha del día a día, a la preocupación del hambre, los gastos, la responsabilidad, la obligación, los hijos, el sueldo, al aumento, al despojo, al futuro, a la vida.

Entonces; guardo silencio, me quedo callada y la rabia se expande por mi cuerpo, me provoca dolor de cabeza, nuevamente me empastillo para no sentir dolor y soportar la jornada de cada día, me siento cansada, mal pagada y tristemente monótona.

La casa, los hijos y si estoy sola bien, si estoy acompañada mal y viceversa. ¡A quien puta madre hay que darle gusto! Es mi mente, mi espacio y mi tiempo; es mi error, mi experiencia y las ganas de vivir, de girarle a la ruleta y si gano será mi suerte y si pierdo será mi lamento. Y... ¿Qué el combo viene completo? Lo sé... ¿Cuando he dejado de acompañar la hamburguesa con papas por pagar menos?

A ver... ¿Quien de todas nosotras se casó apostándole al ganador?, cuantas salieron triunfadoras con el marido pendejo que les satisface los caprichos y les llena los bolsillos para el beauty salon mientras la nana les cuida a los chamacos.  O a ver... Cuantas disfrutaron rico los dos primeros años y después el matrimonio se jodió solito; valió madres, que por la falta de tiempo, la monotonía, la infidelidad, el dinero, los hijos, el desempleo, el maltrato, las responsabilidades... ¿A cuál le apostaste tú?

¿Da miedo, verdad? Eso de enfrentarte a momentos que están por venir, a la incertidumbre de cómo serán las cosas o lo que puede suceder... ¡Ah, pero esa culpa entre las piernas!, el pecado que todos y cada uno cargamos tan natural, todos gozosos nos paseamos por las calles sintiéndonos libres de pecado, impunes. ¡Hipócritas!

Conteniendo mí rabia ante mi propia inseguridad y desorden de ideas inexplicables y sin sentido, se atan mis manos con lazos invisibles y es solo mi mente la que las mantiene detenidas por que soy yo quien sola se aprisiona sin darme cuenta que puedo extender las alas, ser libre, y volar, tomar mis crías y llegar a la punta de la montaña donde nadie puede hacernos daño, donde el aire se respira fresco, puro, sano...

Soy tan fuerte y ni yo misma puedo creerlo, yo misma puedo sostenerme sin estar atada a ningún nido, puedo sostenerme libre y tomar la mano de mi destino, de mi sueño, de mi proyecto, de mi ilusión y nadie... Nadie... Tiene autorización para someterlo.

Muchas veces lloré, grité y desahogué aquello que me acongojaba, lo que me estruje en el pecho, el vientre y no tiene explicación, es el mismo miedo el que me trae agarrada de las venas y maniobra como titiritero a su antojo mis decisiones. Sin embargo; soy yo una revoltosa insoportable que jamás se da por vencida, que lucha y destroza con la misma furia que es acosada, me levanto del duelo y sigo mi camino.

Es el origen de mi realidad la que cambia mi enfoque; todos cargamos con culpas en algún lado, hombres o mujeres, ambos estamos dentro de la misma olla, del mismo albur, del mismo camino cargando con la culpa entre las piernas, esa que disfrutamos y ni cuenta, esa que rozamos entre los muslos, esa costura que se rasga con los años de traer ajustado siempre el mismo pantalón y que en algún momento nos lo tendremos que cambiar.

Maite Ramírez Solano, nació el 23 de Marzo de 1975 en la Cd. de México DF. Es Lic. en Mercadotecnia. Estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes en Atenas, Grecia. Ha participado en varios Proyectos como el de Alas y Raíces a los niños, en Festivales Culturales para la capacitación con talleres de artes plásticas para Asistentes Educativas, en el Centro Fox como expositora y tallerista; en actividades artísticas, en funciones comunitarias de estructura artística con el DIF y hasta hace unos meses se desempeñaba en el CEVART como Analista de Educación Satelital; llevando el proyecto de la Teleaula -Canal 23- Red de las Artes-CENART donde ha manejado varios proyectos como “Feria de las Artes”, Red de las Artes con Casas de Cultura, Capacitación de maestros, artistas y gestores culturales. Actualmente está en el área académica del Centro Veracruzano de las Artes “Hugo Argüelles”; con la coordinación, proyección y desarrollo de toda la oferta académica que se trabaja en el Centro.



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