La batalla de Camarón

La batalla de Camarón Durante la invasión de las fuerzas de la legión francesa en México el 30 de abril de 1863, tuvo lugar un suceso heroico en Veracruz, cerca de la localidad conocida como Camarón de Tejada.

Cuando en una partida de apoyo formada por 64 carros de combate, tres millones en oro y otros pertrechos para abastecer tropas francesas ya acantonadas cerca de la localidad de Puebla, ya que su ataque a esta ciudad había fracasado y ante un alerta de ataque en contra de sus tropas decidió el coronel Pierre Joseph Jeannigros mandar la 3ra compañía a explorar las cercanías del poblado Palo Verde, el cual estaba bajo el mando del capitán Jean Danjou.

Cerca de Palo Verde se detuvieron a descansar y fue donde tuvieron contacto visual con las tropas mexicanas, formadas por 800 efectivos de caballería y 1200 de infantería, el capitán Danjou desplegó sus tropas y a pesar de su inferioridad numérica, ya que él solo contaba con 62 infantes y 3 oficiales, causó las primeras bajas, debido a la sorpresa y su artillería, en ese primer encuentro salió victorioso y se retiró a buscar mejor posición de combate en las cercanías de Camarón, donde se fortificaron en una posada con paredes de tres metros de altura, el plan fue mantener a las tropas mexicanas ocupadas y no permitir que sus tropas sufrieran tantas bajas como fuera posible.

Al tiempo que los legionarios se preparaban para la defensa, el comandante Milán, al mando de las tropas mexicanas, le exigió la rendición a Danjou, quien como toda respuesta le contesto (tenemos armas y no nos rendiremos), al iniciarse la batalla se incendió la posada y para el medio día el capitán Danjou había perdido la vida de un disparo en el pecho, un subteniente de apellido Vilain lo siguió dos horas después.

Los legionarios siguieron (de acuerdo a su tradición) dando batalla hasta el último tiro, aun cuando la superioridad numérica de las tropas mexicanas era demasiada, para las 5 pm del mismo día eran de los 62 legionarios 12 los que quedaban con vida y una hora mas tarde se quedaron sin municiones y bajo el mando del teniente Maudet, y todo lo que les quedaba como recurso de combate era cargar las bayonetas.

Para evitar ser descuartizados por las tropas mexicanas, los legionarios restantes aceptaron la oferta de rendición del comandante Milán, y con la condición de mantener sus armas bandera y escoltar el cuerpo de el capitán Danjou, regresarían a su base sin oponer más resistencia, el comandante Milán aceptó los términos y declaró: “estos hombres son el diablo” y por respeto a ellos he aceptado sus peticiones.

Al final de la batalla solo dos legionarios y un caporal quedaban de pie, por el contrario de los 2 mil efectivos mexicanos, solo quedaron en pie 1400 las bajas ascendieron a 600 entre muertos y heridos.

Como recuerdo de tan cruenta batalla, quedaron en la bandera del regimiento de la legión extranjera escrita la palabra “camerone”; en 1892 se erigió un monumento en el lugar del combate con una inscripción en latín, el cual se deterioró. En 1948 se mandó levantar otro que fue inaugurado en 1963, el cual tiene la misma inscripción pero esta vez escrita en francés.




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