Una sonrisa

Por: María Dolores Altamirano Hernández
Una sonrisa Después de algunos meses sin poder escribir (mucho trabajo y poco tiempo) retomo esta columna compartiéndoles una experiencia agradable que me sucedió hace unas semanas.

Se hace tarde; voy de prisa, creo que mi vida gira entre la rapidez y “el tiempo que te come”. Escucho ruidos de motores que acompañan una larga fila de autos que esperamos a que cambie la luz del semáforo. Por la ventana del auto veo rostros de transeúntes pensativos, cansados, enojados, serios, sonrientes... y dentro de los automóviles, personas qué como yo, vamos hacia diferentes puntos de la ciudad: regresar al trabajo para concluir alguna encomienda, asistir a una clase, llegar a una consulta médica, una cita, pasear, llegar a casa a descansar después de una larga jornada... y por si fuera poco, “el bochorno”, el calor de este puerto, también nos acompaña...  Tan extremoso, tan jarocho y que se vuelve sofocante antes de que “el norte” o frente frío llegue a la ciudad.

- ¡Uhm... y apenas es lunes, me dije mal humorada... Una tarde más, de esas tardes que todo es prisa, comer a medias, una jornada matutina muy cansada, con sueño de esos que ya no se vuelven a recuperarse... ¡Dios, que día! Y apenas van a dar las 5:30 pm.

Me acomodo en el asiento delantero del taxi. ¡Hoy no es mi tarde... no trae clima!

La jornada sigue, para todos los que nos acompañan a esta espera que se hace lenta... el tiempo va comiendo los minutos... ¡se está haciendo tarde!
Entonces...

Aparece él... con una gran sonrisa, su maquillaje blanco, su vestuario en blanco y negro.

- ¡Un mimo!... ¡Con tanto calor!... ¡Cómo se le ocurre!... refunfuño.

Me mira... y desvío la mirada... ¡No, en este momento no estoy para payasadas!

Volteo a ver al chofer del taxi que se pone sus lentes de sol para “no verlo”.

El semáforo es lento, la luz no cambia...

Y de momento, todo se vuelve mágico. En pocos segundos esos gestos, sus movimientos, a veces muy pausados, otros rápidos, hacen imposible no sacarme una sonrisa.

Él observa las caras de las personas que van dentro de los autos. Se coloca unos enormes lentes sobre su rostro, mueve las manos, señala a una pareja para que se den un beso... Todo pasa tan deprisa, que esos momentos tan tedioso y “agrios” se vuelven agradables.

No exige monedas... Tan solo una sonrisa, una simple sonrisa.

Cambia la luz del semáforo... Nos movemos... y él se despide con un adiós moviendo sus manos. Lo miro de reojo por el espejo retrovisor. Voy sonriendo... Realmente sonrío.

¿Quién es?... ¡No lo sé!... Solamente quiero agradecerle que haya desaparecido mi cansancio, mi mal humor y que mi tarde se volviera más placentera.

Durante la semana volví a pasar por el mismo lugar, no lo encontré. Me comentan que a veces su rutina la realiza por el crucero del puente “Miguel Alemán”. Pero... Esta semana... ¡Lo encontré!... Estaba en el mismo crucero, en el mismo semáforo.

Al verlo, sonreí... saqué mi celular para tomarle una foto.

¡Por supuesto posó!... Me lanzó besos al aire, con sus manos formó un corazón. Yo reía y trataba de tomarle fotos antes de que cambiara la luz del semáforo. Él encantado de tanta atención, de momento estaba a media calle o sobre el cofre del auto.

Otros automovilistas le hacían señas para que se acercara a ellos... Él sonreía. Le dieron unas monedas... ¡Estaba feliz!

Se acercó a mi ventana, le di otras monedas... Le dije... ¡Gracias!... Voy a escribir sobre ti.

Sonrió y me dio las gracias... pero las gracias se las doy a él y a todas las personas que se esfuerzan por sacar una sonrisa, mostrar que se puede ver el lado positivo de la vida en estos momento que pareciera que reír es lo último en que podemos pensar ante tanta tragedia en el mundo.

Este mimo es uno de los tantos personajes que nos encontramos en las avenidas y que con su esfuerzo diario le dan SABOR A VERACRUZ.

Ma. Dolores Altamirano Hernández es egresada de la Facultad de Pedagogía de la Universidad Veracruzana y con maestría en Educación Superior por la Universidad Cristóbal Colón. Docente desde hace 20 años desde el nivel medio hasta postgrado. Colaboradora en varios proyectos culturales como Café Literario y Círculo de lectores para adolescentes.



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