Ciudad Arqueológica El Tajín

Ciudad Arqueológica El Tajín Tajín es una palabra de origen totonaca y significa “trueno”; no es posible afirmar que este fuera su nombre original ni tampoco que los ancestros de quienes viven actualmente en la región hubieran sido los constructores de la antigua ciudad prehispánica. Sin embargo, la permanencia de este grupo étnico en las ruinas durante siglos ha originado una relación sico-social y cultural con el sitio arqueológico que difícilmente puede negarse.

La arquitectura de El Tajín se distingue por el hábil manejo de un elemento arquitectónico conocido como nicho que se encuentra dispuesto de muchas maneras en los edificios de la zona. Los nichos pueden ser de múltiples formas: cuadrados o rectangulares, pequeños o grandes y con o sin xicalcoliuhquis (atributo a Quetzalcóatl).

La antigua ciudad de El Tajín se desarrolló a fines del Horizonte Clásico, y llegó a su apogeo en la transición al Posclásico, o sea entre 800 y 1150 d. C. El Tajín se sostenía económicamente con el tributo que los pueblos circunvecinos pagaron en productos y servicios

La ciudad administraba las relaciones políticas y religiosas que en esa época no estaban separadas. Por ello, la figura política de 13 conejo era también la encarnación de Quetzalcóatl, dios principal de El Tajín, cuya representación figurativa y simbólica es repetitiva en la arquitectura, la pintura y escultura del siglo.

Otros segmentos de la población, aparte de los de la clase dominante y campesina, fueron el de los artesanos y el de los que se dedicaron al comercio en áreas especiales de intercambio –como fueron los mercados– o transportando mercancías.

La escultura y pintura se asocian a la arquitectura en diferentes tipos de edificios. De la escultura destacan los relieves procedentes de los juegos de Pelota Sur y Central, de los frisos de la pirámide de los Nichos y de las columnas del Templo de las Columnas. Algunos están todavía en su sitio, otros en el museo a la entrada de la zona arqueológica.

En esos relieves se relatan episodios del ritual del juego de la pelota o acontecimientos históricos como en los del Templo de las Columnas. Las pinturas murales son escasas y muy fragmentadas, pero en ellas se aprecia una técnica depurada en la policromía y en el dibujo.




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